Economista del Instituto Bruegel

Desde la invasión rusa de Ucrania, Europa ha tomado importantes medidas para garantizar la seguridad del suministro energético y ayudar a las familias y las empresas a hacer frente a la subida de los precios de la energía. Se han rellenado las instalaciones de almacenamiento de gas, ha disminuido la demanda de gas y electricidad y los precios han retrocedido desde sus máximos de agosto. Sin embargo, los precios de la energía siguen siendo extremadamente altos en comparación con el año pasado, y la UE está dividida en cuanto a la mejor manera de reducirlos y evitar nuevas interrupciones en los próximos meses. Francia, Italia, España, Polonia, Portugal, Grecia y otros nueve países de la UE quieren limitar los precios al por mayor de la energía, argumentando que así se aborda el problema en su origen, se evita una carrera de subvenciones y se ayuda a reducir la inflación. El bando contrario, encabezado por Alemania y los Países Bajos, sostiene que esos topes aumentarían la demanda y dificultarían que la UE atrajera importaciones netas de energía.

Europa se encuentra en medio de una tormenta energética perfecta. En los últimos meses, tres sacudidas superpuestas han empujado a la UE a la peor crisis energética que jamás haya vivido.

Desde enero de 2021, los precios del gas natural se han disparado más de un 170% en Europa, lo que ha despertado la preocupación por las posibles consecuencias macroeconómicas. Tanto los factores de la demanda como los de la oferta han contribuido a tensar el mercado europeo del gas.

Una rápida reducción de las emisiones requiere un único precio del carbono para todos los sectores. Pero para avanzar con la suficiente rapidez, hay que permitir cierta diferenciación durante un tiempo limitado.

De gobiernos a empresas, desde el mundo académico hasta las organizaciones internacionales, en los últimos meses un número cada vez mayor de actores pide una reconstrucción verde de la economía tras la COVID-19. Esta petición es sensata, el nivel de perturbación causado por la pandemia ofrece a nuestros dirigentes una oportunidad de introducir políticas ambiciosas para acelerar la transición a un sistema económico ecológico.

Tribuna

Nuestro reto más apremiante es mantener nuestro planeta sano. Es la mayor responsabilidad y oportunidad de nuestro tiempo”. Así es como Ursula von der Leyen instó al Parlamento Europeo a respaldar su propuesta de un acuerdo ecológico europeo, que haría que Europa fuera climáticamente neutral para el año 2050.